El año toca a su fin y es el momento de
los buenos deseos yde hacer balance delo bueno y malo, como decía Mecano. A partir de ese balance, surge la pregunta
de la semana: ¿cuáles son tus propósitos para 2015?
Ya os la han hecho, ¿verdad? ¿Y qué habéis contestado?
Este año, al verme en el compromiso de responder, me di cuenta de que yo para el año que entra no tenía propósitos. Esta vez tengo proyectos. Muy concretos, y además, la certeza de que van a salir bien.
Entonces te das cuenta de que los propósitos
son etéreos. Si no se verbalizan o se escriben en ningún sitio pueden ser como
gritar en el vacío o como lágrimas en la lluvia. No comprometen, más allá de
hacer las paces contigo mismo por haber sido capaz de llevarlos acabo.
Así que este año propongo cambiar
propósitos por proyectos.
Tener un proyecto implica determinación. Definir
unos objetivos y marcar un plazo para conseguirlos, un horizonte temporal.
Implica un compromiso y un esfuerzo. Conlleva diseñar un plan y dar los pasos
para cumplirlo. Según uno va dando pasos, hay que vigilar por si nos alejamos
de los objetivos marcados para corregir desviaciones a tiempo.
Y al llegar al final, evaluar los
resultados. Honestamente, sin miedo. ¿Hemos cumplido los objetivos que nos
marcamos? ¿Por qué? ¿Qué hemos hecho bien o qué podíamos haber hecho mejor? Si
nuestros proyectos han tenido éxito nos sentiremos fuertes para acometer los
siguientes. Va mucho más allá de la mera satisfacción, tener proyectos y llevarlos
a cabo nos hace crecer.
Vamos a ver si suena igual:
Mi propósito para 2015 es ser feliz
vs.
Mi
proyecto para 2015 es ser feliz
¿No resulta mucho más tangible formulado
de la segunda manera? Incluso con un concepto abstracto, como es la felicidad, tener un proyecto lo hace más realizable.
Animo a quien lea este post a concretar
sus buenos propósitos y convertirlos en proyectos.
Sábado. 16:15h. Enero. 16 grados, un día espectacular. Y en
lugar de irme a un parque a dejar que el sol me hiciera cosquillas, me adentré
en la Central de Diseño del Matadero de Madrid sin saber muy bien qué me iba a
encontrar en las siguientes seis horas.
NOW, a place for possibilities. Sonaba bien. Conociendo un
poco a la organizadora (Irene Gil, Directora de la consultora de branding Grasp, marcas con sentido), viendo el plantel de ponentes y algo picada por los
teasers de Facebook, no dudé mucho cuando me llegó la invitación y vi que ese
fin de semana estaba en blanco en la agenda.
Sólo puedo decir que fue una gran decisión. Cuando he tenido
que explicar sobré qué trataba el evento la mejor definición que he encontrado
ha sido: una puesta en común de ideas
para hacer una sociedad mejor.
Porque hay ideas. En este momento en que todo parece tan negro, en que todos nos contamos desgracias unos a otros, existen iniciativas para cambiar las cosas. Y lo que es mejor aún, esas ideas no sólo
están formuladas, sino que se materializan en proyectos detrás de los cuales
hay personas dispuestas a poner su esfuerzo, su talento y su tiempo. ¿A cambio
de qué? De ayudar a otros, de reivindicar una sociedad más justa, un modelo económico
sostenible y respetuoso con el medioambiente. Y resulta que para estas personas
esa retribución es increíblemente valiosa.
Fue una jornada tremendamente especial, que me cautivó desde
el primer momento, con Juan Fernández-Aceytuno estructurando su ponencia a
golpe de haiku (¡me confieso muy fan!) hasta el último, en que de forma improvisada acabamos
todos dándonos un aplauso -literalmente- al ritmo de una canción que Julián
Bozzo iba componiendo con las aportaciones de los que estábamos allí
(más fan todavía).
Porque eso es la vida, se mire desde donde se mire. Ir
componiendo con los elementos que van surgiendo. Pocas veces interpretamos una
partitura predefinida y aprendida; más bien tenemos que ir improvisando. De
repente nos quitan el instrumento de cuerda que empezábamos a tocar con destreza y nos ponen en las manos uno de
percusión. ¿Y ahora qué hago yo con esto? Quien tiene la voluntad y ese punto especial que marca la diferencia
no sólo consigue que la música siga sonando. Además, logra que la canción suene
de maravilla y que la hagan aún mejor los coros y palmas de quienes tiene alrededor.
En NOW se habló de responsabilidad sostenible, del trinomio instituciones-empresas-ciudadanos, pero sobre todo, de empezar por la
responsabilidad individual. De principios, de valores, de cambiar las cosas desde dentro, de personas, de gestión
del cambio, de responsabilidad en el consumo, de banca ética (sí, sí, va en serio), de la importancia de
escuchar, de marcas con propósito, de transparencia, de educación, de
pensamiento sistémico, de diseño sostenible, de nuevos modelos de ciudades, del
activismo que todos y cada uno podemos llevar a cabo para mejorar nuestro
entorno y denunciar aquello que lo perjudique gracias a las redes sociales, de
la importancia del emprendimiento social y de muchísimas cosas más.
Si alguien le ha picado el gusanillo y quiere saber más,
aquí está el vídeo de toda la jornada. Es largo y lo peor es que os perderéis
las nubes que nos dieron en el descanso, pero merece la pena (empieza en el minuto 3:30, y sí, son cinco horas y media):
Siempre he defendido la teoría de que si cada uno hacemos mejor el círculo que nos rodea, si quienes tenemos al lado hacen lo mismo, la zona "limpia" se irá extendiendo. Algo parecido a lo que cuenta la película de Cadena de favores, pero de manera más estructural.
En una pared había un mural... ¿Cómo podemos hacer las cosas mejor? Uno de mis post-it ponía:
CRITICAR MENOS,
PROPONER MÁS.
Creo que todos, en mayor o menor medida, tenemos alguna idea que puede hacer el mundo (por cerca que esté, también es el mundo) un poquito mejor.
Así que voy a pedir prestado un par de Haikus para dar un empujoncito a todo aquel que tenga una de esas ideas: