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jueves, 20 de marzo de 2014

Día de la Felicidad

Hoy, 20 de marzo es el Día Internacional de la felicidad. Lo decidió la UNESCO en una resolución aprobada en 2011 por su Asamblea General y se celebró por primera vez en 2013.

La propuesta fue de Bután, un pequeño país perdido en el Himalaya y que se conoce poco. Pero si buscas Bután en Google, los resultados inmediatamente devuelven el término "felicidad". No es un mal concepto al que asociar la imagen de un país.

Hay días internacionales para casi todo, y a algunos cuesta encontrarles el sentido. Pero resulta muy curioso que uno de los pocos objetivos que tenemos en común todos los seres humanos, sin distinción de edad, raza o credo, haya tardado tanto en tener el suyo.

¿O acaso conocéis, habéis conocido o llegaréis a conocer a alquien que no quiera ser feliz...?

Hoy leo algún artículo en el que se cita a "expertos en felicidad". Hay conferenciantes que se ganan la vida (y bastante bien, por cierto) dando pautas más o menos acertadas sobre cómo ser feliz.

Humildemente, creo que no hace falta ser psicólogo ni por supuesto tener un PhD para tener la clave de la felicidad. Cada cual de la suya, porque me parece un poco pretencioso dar consejos generales sobre cómo ser feliz. 

Lo que sí puedo decir es lo que a mí me ayuda a serlo cada día. Sólo basta con valorar lo que tienes por encima de lo que te falta, intentar dar más de lo que recibes y ser consciente de que siempre hay algo que aprender de todo el mundo y que mejorar de uno mismo. Y estar rodeado de las personas adecuadas. 

Parece mucho más fácil de lo que luego resulta ser realmente. La vida nos pone del revés a su antojo cuando menos lo esperamos. Y nos vuelve a poner bajo la luz del sol cuando nos habíamos acostumbrado a ver en la oscuridad. Verdad verdadera, que diría el anuncio.

El dolor y la tristeza son parte inseparable de la vida. Ya sea porque no encontramos nuestro lugar, porque nos decepcionan aquellos a los que queremos. Porque nos dejan... hay miles de motivos que nos alejan de la felicidad.

Pero hay una fuerza que nos ayuda a sobrevivir al Pantano de la tristeza (ya lo mencioné en Ángeles y Demonios), y es la determinación de ser feliz.

La felicidad no es un estado permanente, pero las personas positivas intentamos poner el foco en lo bueno, saboreando cada detalle que otros dan por hecho. Un día de sol, una cama con un buen colchón y una manta caliente, un abrazo bien dado. Son pequeñas cosas del día a día que deberían hacernos felices.

Y por supuesto, la música. Hoy alguien ha dicho en la radio que esto es todo un himno a la felicidad. Yo he pensado que debería ser casi obligatorio ponérsela cada mañana.




Sí, I’m happy (am, de soy y estoy). Y que dure mucho tiempo…

viernes, 14 de junio de 2013

En casa

Dicen que el roce hace el cariño y que con el tiempo te acostumbras a todo. No creo que sea cierto. Hay lugares en los que, no importa cuántos años permanezcas, siempre te sientes de paso. Hay personas con las que las circunstancias te obligan a convivir y con las que nunca se llega a conectar.

Afortunadamente, en algunas ocasiones, también sucede lo contrario. Espacios y personas que te acogen, que te hacen sentir libre (rotundamente tú, que diría Vega). Aunque apenas acabes de aterrizar, te hacen sentir en casa.

Yo, que siempre rasco en las causas de todo, me pregunto por qué. Y llego a una primera conclusión: depende de nosotros mismos (posiblemente una parte importante). Porque ya se sabe, no vemos el mundo como es, lo vemos como somos. Y más concretamente, lo vemos como estamos

Pero no me cabe ninguna duda de que otra parte, no sé si igual o más importante que la anterior depende de lo sale de nuestro control, lo que no podemos modificar. Y es que ese lugar, esa persona… sean adecuados para nosotros en este preciso momento.

Sucede en las relaciones personales, en los trabajos… hay cosas que están hechas para uno, y otras, simplemente, NO. Podemos empeñarnos en un principio. Intentar adaptarnos, echar a un lado lo que no nos encaja… Al final, pan para hoy y hambre para mañana.

En un vídeo fantástico sobre la felicidad en el trabajo se plantea una pregunta que deberíamos hacernos cada día de nuestra vida:

¿Puedes ser tú mismo en el trabajo?
Si la respuesta es NO,
cambia de empresa,
tarde o temprano te quemarás.

Si la respuesta es SÍ
demuestra tus emociones, positivas o negativas
transmite tus opiniones, positivas o negativas…

¿Sólo aplicable al trabajo? Mmmm… No, desde luego que no.

Y ya que me pregunto por qué... es inevitable preguntarse cómo. ¿Cómo damos con esa persona, con ese lugar, con ese destino profesional que nos hace felices, que nos deja ser nosotros mismos. ¿Por casualidad? ¿Por suerte? Sí, por ambas. Y me explico.

¿Qué es una casualidad? No es más que la coincidencia en el tiempo y en el espacio. Esa coincidencia es efímera y puede esfumarse por no girar la cabeza, como les pasó a Anna y Otto en la Plaza Mayor de Madrid, o por borrar un correo electrónico sin leer su contenido porque el remitente no había mandado nada de interés antes.

¿Y qué es la suerte? Siempre he pensado que es algo que pasa por encima de nuestras cabezas. Tiene que coincidir que tengamos los ojos abiertos, que en ese momento miremos hacia arriba, la veamos pasar y voluntariamente pongamos en marcha los mecanismos necesarios para saltar, alargar el brazo, alcanzarla y cerrar la mano para hacerla nuestra. Y es curioso… normalmente es necesario haber entrenado muy duro antes para dar ese salto y que sea lo suficientemente potente para llegar al punto necesario. Muchos saltos previos en que no había resultado, salvo el propio entrenamiento.

Ayer estuve en el segundo Inspiration Day de Womenalia. Se habló de suerte (de esa que cuando llega, te pilla trabajando), de miedos, de talento, de ilusión, de creer en un@ mism@ y en que lo que haces tenga sentido. De tener a un compañero en la vida que te ayude a llegar tan lejos como tu potencial permita. De muchos temas que de alguna manera ya se tocaron el año pasado, pero para mí fue muy diferente. 

Decía al principio que vemos la realidad como somos, o más bien como somos. En mi caso, soy la misma de hace un año. Me volví a emocionar con una madre excepcional, en este caso Teresa Perales, disfruté de la magia y me sentí identificada con los procesos personales con puntos de crisis de mujeres que me parecen todo un ejemplo. Salí inspirada, ése era el objetivo, y una semillita se ha asentado en mi cabeza. Tiemblen...


Eso ha sido posible porque no estoy igual que hace un año. Gracias a la casualidad. Gracias a la suerte. Y sobre todo, gracias a los palos que sirvieron para construir mi puente... hoy me siento en casa. LJ.