Hipnótico es
este fuego que funde
mañana y ayer
#haiku
domingo, 18 de septiembre de 2016
lunes, 4 de julio de 2016
Vacío (haiku y micropoema)
Me falta el ruido
El tiempo ansiado, hoy sobra
Vida bipolar.
#haiku
Qué fácil hacerte hueco
entre planes ya previstos.
Qué difícil retomarlos
cuando vuelves a faltar.
Hoy vuelve a faltarme el ruido...
#micropoema
El tiempo ansiado, hoy sobra
Vida bipolar.
#haiku
Qué fácil hacerte hueco
entre planes ya previstos.
Qué difícil retomarlos
cuando vuelves a faltar.
Hoy vuelve a faltarme el ruido...
#micropoema
(Inspirados en versos de Vega - El ruido)
viernes, 19 de febrero de 2016
El valor de un selfie
Hace poco cumplí el deseo de conocer una
capital europea maravillosa: Roma.
Una ciudad que rezuma historia, arte… Cada
rincón esconde un tesoro, detrás de una sencilla de madera y una discreta
fachada que pasarían desapercibidas para un viandante con prisa pueden
esconderse obras de arte de valor incalculable.
Ante tal despliegue cultural pueden darse
distintos tipos de reacciones. En casos de extrema sensibilidad al arte puede
sufrirse el síndrome de Stendahl,
que supone quedarse embriagado ante tanta y tan abrumadora belleza. También
puede pasar lo contrario. Es fácil perderse, o incluso hastiarse, si uno se da
un atracón sin descanso (es lo que tienen las escapadas fugaces de fin de
semana), y perder la perspectiva del valor de lo que uno tiene delante.
O puede no pasar ni una cosa ni la otra
si el foco no está donde debe.
Me llamó muchísimo mi atención que el
objeto más frecuente ofrecido por los vendedores ambulantes era el palo para
selfies. Pero pronto me di cuenta de que se trataba simplemente de la ley de la
oferta y la demanda. Entonces me percaté de algo más. La gente se ponía de espaldas a los monumentos. Apenas
paraban unos segundos a verlos, lo urgente era el selfie y subirlo a las redes
sociales en el mismo momento. Y al siguiente. Me imagino que con la intención de conseguir muchos “me gusta”. Eso
es lo importante hoy, ¿no? Mostrar, contar en tiempo real… Pero hay momentos en los que lo que hay que hacer es
observar y sentir.
Llevo rumiando este post desde el viaje y
por fin lo escribo a raíz de esta desoladora noticia:
Un bebé delfín, nos aclara la entradilla.
Y yo me pregunto… ¿Cuántos “me gusta”
conseguirían aquellos que consiguieron el codiciado selfie? ¿Serán suficientes
para acallar sus conciencias? O lo mismo están ya compartiendo el enlace de la
noticia para mostrarle a sus amigos que estaban allí, que salen en la foto.
Esta no es la sociedad del selfie. Es una sociedad selfish. Narcisita y exhibicionista. Muy pocos se mantienen (nos mantenemos, el que esté fuera de pecado que tire la primera piedra) al margen. Pienso en aquel capítulo de Black Mirror, esa serie que nos lleva al extremo de lo que la naturaleza del ser humano es capaz de llegar a hacer en un mundo invadido de tecnología. En "Toda tu historia completa" una chica es interrogada con curiosidad por sus conocidos porque ha decidido vivir sin “grano”
(que sería el equivalente en nuestra vida real actual a vivir sin redes sociales). Los demás, simplemente, no lo conciben.
Lo de Roma me dejó pensativa, pero esta
noticia... Genera una enorme indignación en un primer momento y una tristeza
inmensa después. Por el bebé de delfín, por supuesto, pero sobre todo por una
sociedad en la que contar la vida cosas en redes sociales está por encima de muchas cosas, incluido el respeto a la Vida. Este delfín era Belleza. Con B mayúscula, como dice Catherine L'Ecuyer. Mucho más que cualquier monumento romano. Y no debía compartirse, ni asesinarse, a cambio de unos cuantos likes.
martes, 11 de agosto de 2015
Perseidas
Trazos de un lápiz blanco
Gruesos, tan firmes como efímeros
Que rasgan la noche,
roban la respiración
y transportan deseos
#Perseidas
#microcuento
Mirar estrellas
Perderse en pensamientos
para encontrarse
#Perseidas
#haiku
Gruesos, tan firmes como efímeros
Que rasgan la noche,
roban la respiración
y transportan deseos
#Perseidas
#microcuento
Mirar estrellas
Perderse en pensamientos
para encontrarse
#Perseidas
#haiku
viernes, 31 de julio de 2015
Luna Azul (2015)
"Tal vez las estrellas sepan cuándo no estamos formulando los deseos adecuados".
Esta hipótesis forma parte de lo que escribí hace tres años en el post Luna Azul (en realidad no), con motivo la última que se produjo antes de la de esta noche.
Efectivamente, aquel deseo no se pudo cumplir, pero no se puede renegar de las estrellas. Lo que sucede, conviene, como dice una amiga.
Creo que la sabiduría es, en parte saber, diferenciar entre lo que deseamos y lo que nos conviene. Viendo todo lo sucedido entre estas dos Lunas Azules, la conclusión es que debí de pedir el deseo a una estrella sabia.
Nunca se puede saber dónde te hubieran llevado los pasos de un camino que no tomas, pero sí sé que el camino que tomé como alternativa a ese deseo frustrado, más largo y más exigente, era el camino adecuado. El que me estaba esperando. El que tenía que construir paso a paso.
Este año he vuelto a salir a ver la Luna Azul.
No era tal, pero eso ya lo sabía. Pálida, como cada día. Brillante, imponente. En esta ocasión no he visto ninguna estrella fugaz, así que no he podido pedir ningún deseo. Pero hacía un frío bendito después de estos días de infierno de asfalto en Madrid, la Luna himnotizaba y he disfrutado, simplemente, del momento.
Olor a lluvia,
Luna Azul. Noche
embriagadora.
(haiku)
Habrá una nueva Luna Azul el 18 de enero de 2018.
Esta hipótesis forma parte de lo que escribí hace tres años en el post Luna Azul (en realidad no), con motivo la última que se produjo antes de la de esta noche.
Efectivamente, aquel deseo no se pudo cumplir, pero no se puede renegar de las estrellas. Lo que sucede, conviene, como dice una amiga.
Creo que la sabiduría es, en parte saber, diferenciar entre lo que deseamos y lo que nos conviene. Viendo todo lo sucedido entre estas dos Lunas Azules, la conclusión es que debí de pedir el deseo a una estrella sabia.
Nunca se puede saber dónde te hubieran llevado los pasos de un camino que no tomas, pero sí sé que el camino que tomé como alternativa a ese deseo frustrado, más largo y más exigente, era el camino adecuado. El que me estaba esperando. El que tenía que construir paso a paso.
Este año he vuelto a salir a ver la Luna Azul.
Olor a lluvia,
Luna Azul. Noche
embriagadora.
(haiku)
Habrá una nueva Luna Azul el 18 de enero de 2018.
jueves, 25 de junio de 2015
Lo que encontré más allá del arco iris.
Hace tres años escribí el primer post de
este blog. De estreno hablaba de aquel lugar donde los sueños se hacían realidad. Trataba sobre ilusión,
sobre nuevos proyectos, acerca de darle la vuelta a tu vida como un calcetín. Y lo hacía de una forma (vista ahora, desde el final del viaje) ingenua.
Igual que Dorita en la maravillosa película de 1939 dirigida por Víctor Fleming
a la que hacía referencia en aquella entrada.
Igual que ella, tal vez buscaba un Mago
de Oz más leyenda que real que me llevara de vuelta a casa. E igual que ella, en
lugar de conseguirlo, encontré lo que necesitaba, por mí misma, a lo largo del
camino de baldosas amarillas. Porque en la Ciudad Esmeralda, aparte de mucha
fantasía y efectos especiales, había poca sustancia.
He leído que el libro de Lyman Frank Baum
“The Wonderful Wizard of Oz” es en realidad una alegoría de lucha política y
económica en EE.UU.
A lo largo de estos tres años no he podido encontrar más
similitudes con la historia de alguien que busca empezar de nuevo después de
que un tornado arrasara su vida y la dejase noqueada (suerte que recuperó el
sentido) y consecuentemente aturdida y dolorida.
Al llegar a Oz, Dorita descubre un mundo nuevo
y diferente, en color. A pesar de estar aterrada, de repente, se ha convertido en una heroína por haber matado a
una bruja que hacía mal a mucha gente (plantar cara a una mala situación a
veces no es una opción, es una necesidad). Y comienza un increíble viaje armada
únicamente con unos preciosos “chapines de rubíes”. En este caso, es la Bruja
Buena del Norte, Glinda, quien se los da. Creo que unas buenas suelas para empezar
el camino te las dan la formación que lleves a la espalda y el apoyo de quien
cree en ti.
Primer
encuentro: el Espantapájaros. El cerebro.
Dorita está sola. Sí, el pequeño Totó la
acompaña y le da el cariño que necesita, pero no le puede ayudar a tomar
decisiones y es ella quien debe cuidarle a él además de cuidarse a sí misma. No
creo que fuese casualidad que fuese la inteligencia la primera en cruzarse en
el camino para ayudar a Dorita. Pertenecía al grupo de personas intuitivas, viscerales y
románticas que creen que la voluntad y el amor lo pueden todo… hasta que tuve que
rendirme a la evidencia de que no es así. En ese momento lo más sensato es
escuchar a esa vocecita que sale de tu cabeza y dice… “ya me encargo yo, que
para eso estoy.”
Segundo
encuentro: el Hombre de hojalata. El corazón.
Rígido, duro e inmóvil por culpa de la
tormenta, el abandono y la falta de cuidado. Quieto y en silencio, como un
objeto, incapaz de sentir. Sin esperanza alguna de que alguien llegara para
ayudarlo a moverse otra vez. Pero alguien llega. Y cuando sucede… El pobre Hombre
de hojalata apenas es capaz de articular los labios para pedir lo que necesita
para quitar el óxido que lo mantiene duro e inflexible. «Aceitera», dice… Pero es
posible que lo que escucharan fuera cariño y paciencia. Esa escena de los
primeros pasos torpes y abocados a la caída pueden parecer graciosos en la
película. Yo tenía muchísimo miedo de que en esa caída el daño fuera fatal y el
Hombre de hojalata se desmembrara definitivamente. Pobre… ¿Qué se podía
esperar? Sin embargo, poco a poco, con ayuda de fuera y voluntad desde dentro,
el Hombre de hojalata no sólo caminó, sino que recorrió todo el camino siendo
una parte esencial de la expedición.
Tercer
encuentro. El León Cobarde. El valor.
Y con tan buena compañía, por fin, Dorita
sigue su camino. El camino de baldosas amarillas parece eterno, y no olvidemos
que hay una bruja malvada empeñada en que nuestra protagonista no llegue a su
destino. Ese campo de amapolas… porque a veces hace TANTO sueño… y estamos TAN
cansados…
Pero afortunadamente la meta está lo suficientemente cerca como para
que quede al alcance de su vista. Clave para despejarse y volver a ponerse en
camino hasta llegar a la Ciudad Esmeralda.
Dudo que alguien no haya visto la
película, pero por si acaso… no voy a hacer spoiler.
La conclusión es que el Mago de Oz no da
nada a nadie que éste no tenga previamente. Solo que a veces, hay que sufrir un
terrible tornado que te deje sin nada (o casi). Hay que recorrer un larguísimo
camino que te deja exhausta. Sólo así encuentras lo que necesitas, tan
diferente de lo que deseabas. Como cuando Dorita pedía su deseo a una estrella
en aquel mundo en blanco y negro.
“Se está en casa mejor que en ningún sitio”
recitó Dorita 3 veces mientras chocaba los talones de sus preciosos zapatos.
Mientras lo hacía, seguro que era consciente de que había llegado al final del
camino porque no había estado sola. Y estaba además muy agradecida por ello. Y también era consciente de que, después de esta aventura, quedan muchos otros
arco iris que traspasar.
Hace poco leí que para dejar huella hay
que tener los pies en el suelo. Ese es otro de los grandes aprendizajes de este
viaje.
Porque en casa se está mejor que en
ningún sitio, sí. Pero sabiendo que estás bien acompañada y que eres capaz de
superar cualquier prueba que te pongan en el camino, se está aún mejor.
Todo eso es lo que yo encontré más allá
del arco iris.
viernes, 17 de abril de 2015
Hoy. Micropoema
Sueños al alcance de la mano. Buenos recuerdos.
Fundidos, superpuestos.
Pasado y futuro bailando entrelazados.
Hoy.
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